Guardado

Ahorros.

Habitualmente los GUARDADOS están dirigidos a un fin específico, comprarse una radio, pintar la cocina, los QUINCE AÑOS de la niña, etc.

El carácter humilde del término supone, además, que los GUARDADOS se hacen en casa, en un calcetín, debajo de la cama o detrás de un ladrillo.  El mejicano medio tiene bastante poca confianza en los bancos.  Y no les falta razón, en general el servicio es pésimo, las colas eternas, los trámites decimonónicos, la fiabilidad de tu estado de cuenta muy próxima al de tu carta astral, los cargos y abonos inexplicables, los intereses leoninos, los productos ininteligibles y el trato de suficiencia por parte de los empleados inaguantable.

Por si fuera poco, los periódicos están poblados de forma permanente de historias de banqueros corruptos que se auto otorgaron créditos blandos, se jugaron los dineros de sus clientes al poker o simplemente se largaron a España después de haber dejado las arcas de sus respectivas instituciones al borde del colapso.  Nadie tiene muy claro por qué  España es un destino favorito de estos ladronzuelos de guante blanco.  Desde que existe un tratado de extradición entre ambos países, Méjico importa banqueros fugados y España intenta hacer lo propio con etarras huidos.

Para acabar de fastidiarla, la crisis económica que acompañó el fin de la égida de SALINAS colocó en bancarrota técnica a todo hijo de vecino con algún préstamo a sus espaldas.  Las autoridades se apresuraron a intentar poner orden en el sistema bancario, apoyando directamente a los bancos con la compra de CARTERA VENCIDA.  El deudor siguió con la obligación de pagar lo que debía, ahora con intereses entre cinco y diez veces superiores a los que regían en el momento en que la contrató, pero el banco se liberó de la carga que supondría el caso, más que probable, de que su cliente no pudiera hacer frente a los pagos de amortización.  Ni que decir tiene que esta circunstancia tampoco ayudó sobremanera a popularizar la imagen de bancos y banqueros, o a convencer al mejicano de a pie de la conveniencia de llegar hasta el banco a poner a buen recaudo su dinero.

El mejicano, aún en el hipotético caso de que realmente crea que puede confiar en un banco, es muy posible que no tenga donde elegir o, más grave aún, no tenga donde acudir.  Hasta la reprivatización de la BANCA con SALINAS y la posterior entrada en masa de la banca española, el número de oficinas bancarias era mínimo,  casi todas concentradas en las grandes ciudades.

Ver BARZÓN.

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