Hacer de cuenta

Considerar, suponer.

En Méjico es prácticamente imposible oír a nadie que diga “supongamos que” esto o lo otro.  Mucho más raro, a menos que te encuentres en un entorno académico, que se oiga un “consideremos que” lo que sea.  Pero en todas partes se oye lo de HAZTE DE CUENTA.  

Esto del HACER DE CUENTA me suena como el ¡MANDE!.  No choca la expresión en sí.  Al fin y al cabo tengo la conciencia de haberla escuchado de mis abuelos o de alguna mujer de un pueblo de Castilla.  Pero sí llama la atención la frecuencia con que se emplea, incluso en boca de personas que por su edad, ademán o prestancia no cuadran con la imagen que uno tiene en la cabeza de quién, cuándo y dónde puede ser escuchada esta expresión.

Independientemente de que en Méjico todo el mundo se HAGA DE CUENTA de algo en algún momento, las mujeres son particularmente propensas a hacerlo.  O tal vez me llama más la atención.  Las señoras más encopetadas y las muchachas más humildes, todas, todas piden a su interlocutor que se HAGA DE CUENTA de cualquier disparate. 

Es una fórmula muy socorrida para solicitar del contrario el aporte de su imaginación a la hora de explicarle algo, especialmente si no se tiene la habilidad para describirlo verbalmente (podría ser el caso de las muchachas) o se le quiere APANTALLAR con referencias exóticas y deslumbrantes (sería más el caso de las señoras encopetadas).

“Hagamos de cuenta que ese pendejo no acaba su chamba como nos prometió, ¿qué hacemos entonces?”.

Ver CASI IGUAL.

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