Caer el veinte

Darse cuenta, entender, apercibirse.

Según cuentan, la expresión es de origen telefónico.  Existían en el país unos teléfonos públicos desde los que se podían hacer llamadas locales sin meter ningún tipo de moneda.  De esta forma quien llamaba podía escuchar al llamado pero no al revés.  Para conseguir una comunicación completa, era necesario poner una moneda de veinte centavos en la maquinita y asegurar que ésta caía bien y hasta el fondo. 

Así, sólo cuando “caía el veinte” se podía hablar y el llamado sabía quien lo llamaba.

“A este chavo aún no le cae el veinte de que tiene que chambear duro para salir adelante”.

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