Dar bola

Limpiar y lustrar los zapatos.

En Méjico aún subsisten los limpiadores de zapatos callejeros, conocidos como BOLEADORES. 

Aunque no se por cuento tiempo, porque la verdad es que el cuerpo profesional tiene aspecto de ser una raza en peligro de extinción.  Los BOLEADORES comunes son, en general, gentes mayores, de piel rugosa y curtida, pequeños y enjutos.  No he visto a ninguno que sea joven, o que tenga aspecto de llevar poco tiempo en esto.

La clientela responde también a un cierto patrón de edad y nivel social.  No parece que la gente joven guste de lustrarse los zapatos en público y tampoco parece que las clases más pudientes tengan que salir a la calle a conseguir a alguien que les ponga betún en sus Guccis.

Personalmente asocio al BOLEADOR con escenas de entidades de gobierno y funcionarios.  Gente que debe ponerse traje, corbata y zapatos negros, sueldos modestos, trabajo monótono, esfuerzo de supervivencia, treinta años de servicio. 

Quizás no sea tanto esto como el hecho contrastable de que los edificios que albergan a oficinas de entidades gubernamentales o de empresas públicas tienen sus BOLEADORES oficiales.  Gentes que, en las mañanas, llegan con sus trapos y sus cajas de betunes y se dedican a recorrer las dependencias para atender a sus clientes a pie de mesa.  Hay clientes que se limpian los zapatos todos los días y otros que lo hacen un par de veces por semana.  El BOLEADOR hace su ronda y así se gana su vida.

Ver BOLEAR, BOLEADA, BOLEADO, BOLEADOR, BOLERÍA, BOLERO.

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