Café (2)

Bebida preparada de las semillas de la planta del mismo nombre.La misma palabra en Méjico y en España, el mismo significado teórico, pero dos realidades diferentes.  Tremendamente diferentes.  La relación del humano con el CAFÉ es íntima, fisiológica.  Aquí no se trata de nada intelectual o medible según una escala objetiva.  El enganchado por gusto, rutina y adicción, reclama cierto tipo de sensaciones para apaciguar las demandas de su subconsciente y de su estómago.  El cuerpo relaciona a lo Paulov el término CAFÉ con estímulos específicos.  Desgraciadamente para el cafeinómano hispánico, el CAFÉ mejicano no tiene nada que ver con aquello a lo que uno está acostumbrado.  Sabor, aroma, consistencia y  entendimiento del placer producto de otra forma de entender esto.

En Méjico, el CAFÉ por antonomasia es el llamado CAFÉ AMERICANO, o sea el brevaje desleido y aguachirlero que en cualquier bareto de pueblo español te pueden preparar añadiendo agua a un “café de verdad”; eso sí, siempre que el cliente haya sido capaz de convencer al camarero de que él se hace responsable de los estragos que puedan sobrevenirle tras la ingesta de la pócima resultante.  Bueno, pues en Méjico ese CAFÉ aguado es la norma.

Afortunadamente para el buen nombre del CAFÉ mejicano, también es posible conseguir otras variedades.  Entre ellas: 

  • El CAFÉ DE OLLA; genuinamente mejicano y por lo tanto sometido a la maldición del estereotipo y del sentido de inferioridad.  Ningún nacional que se precie se atrevería a pedir un CAFÉ DE OLLA en un sitio “bien”.  También es cierto que pocos sitios “bien” se atreverían a incluir en su menú este tipo de CAFÉ.  Para probarlo hay que acudir a algún restaurante de ANTOJITOS, o tener la suerte de que el anfitrión de tu fiesta mejicana considere que este CAFÉ es apropiado para sus invitados. 
  • El CAFÉ EXPRESS; casi, casi como el expreso de verdad si no fuera porque es prácticamente imposible que haya sido preparado con la mezcla correcta de granos naturales y torrefactos, y porque, en cualquier caso, el CAFÉ torrefacto mejicano es inexistente.  El CAFÉ más tostado que se encuentra a la venta en Méjico es, claro está, el “café tostado”.  Desconozco en que se diferencia el proceso de tueste en Méjico y España pero lo cierto es que los resultados de ambos son notablemente diferentes en sabor y aroma.  Tal vez tenga algo que ver el hecho de en Méjico tuestan los granos con azúcar, o al menos así lo anuncian.  El CAFÉ EXPRESS puede encontrarse en casi cualquier sitio “moderno”, salvo aquellos con ínfulas gringas (“burgers”, pizzerías, etc.), o planeados como remedos de formas GRINGAS de hacer mesonería (VIPs, SANBORNS, etc.).
  • El CAFÉ CORTADO; un CAFÉ AMERICANO con un chorrito de CREMA.   Si uno se arma de la suficiente paciencia también es posible que lo preparen con CAFÉ EXPRESS en vez de CAFÉ AMERICANO.  Lo que es prácticamente imposible es que utilicen leche auténtica en vez de CREMA.  Y es que lo de la leche parece anatema bíblico.  El camarero medio es incapaz de comprender que el CAFÉ puede tomarse con leche normal y corriente, que no existe ninguna ley divina que restrinja la lista de aditivos autorizados a la nata líquida desnaturalizada.  Simplemente no le entra en la cabeza.  Se puede insistir, describir, explicar, suplicar.  Incluso es posible obtener una sonrisa, un guiño de comprensión o una promesa del camarero de que todo se hará según lo solicitado, de que no hay problema, que la leche con CAFÉ o lo que sea estará allí en un MOMENTITO.  Mentira; no sucederá.  Lo curioso es que no se trata de molestar al cliente, sino de pura incomprensión.  Las fórmulas restauranteras mejicanas descansan sólidamente en hacer de los camareros gentes mecánicas, sin libertad de decisión o capacidad de maniobra.  Así, los MESEROS prefieren decir a todo que sí a meterse en un lío con un cliente que obviamente ha perdido la cabeza cuando es capaz de pedir un engendro semejante.  Lo que es cierto es que pedir algo fuera del menú o poco habitual es equivalente a invocar el caos y el desconcierto.  Y lo de la leche es, a todas luces, invento extraterrestre.  Con camareros espabilados lo más que es posible conseguir es un CAFÉ EXPRESS por un lado y un vaso de leche por otro. 

Es fácil adivinar que en Méjico no existe el concepto de CAFÉ CON LECHE, o al menos no existe en lugares diferentes a VERACRUZ, donde el CAFÉ LECHERO es una especie de mana para peregrinos.  Así que cualquier intento de tomar CAFÉ CON LECHE o CORTADO, pero con leche, debe ser improvisado por el propio comensal a partir de un CAFÉ EXPRESS en estado puro. 

¡Ah!, el CAFÉ EXPRESS siempre en tacita pequeña.  Si uno pide CAFÉ EXPRESS en taza grande para después hacer la mezcla es posible oír como fluye el sudor por los poros del MESERO.  La participación del gerente del restaurante en la petición a lo más que puede llegar es a que te ofrezcan un CAFÉ EXPRESS doble en taza grande.  En varios años y muchos intentos aún no he conseguido en ninguna parte un CAFÉ EXPRESS sencillo en taza grande para poder preparar el CAFÉ con leche normal.   

  • CAFÉ CAPPUCCINO;  el CAFÉ con leche italiano, con canela y bastante espuma.  Con la introducción de las cafeterías estilo norteamericano de los años noventa, el CAFÉ CAPPUCCINO se ha hecho bastante popular es Méjico.  En muchas ocasiones se trata del CAFÉ más parecido que se puede encontrar a un CAFÉ con leche normal y corriente.  El CAFÉ CAPPUCCINO puede encontrarse ya en muchos restaurantes “bien”.  Hasta es posible encontrar lugares donde hay CAFÉ CAPPUCCINO pero no sirven CAFÉ EXPRESS.
  • CAFÉ LECHERO; el CAFÉ con leche en su máxima expresión.  Una maravilla que sólo he podido conseguir en VERACRUZ, aunque cuentan que en la CIUDAD DE MÉXICO hay una cadena de restaurantes que lo hizo popular hace algunos años y aún lo vende.  El CAFÉ LECHERO que es posible encontrar en la cafetería “La Parroquia” del MALECÓN VERACRUZANO es simplemente inigualable.  Sólo por el placer de desayunarse un hojaldre acompañado de un de estos CAFÉS LECHEROS merece la pena ir a pasar unos días a VERACRUZ.
  • CAFÉS de sabores;  porquerías típicamente norteamericanas que han invadido los centros comerciales con aromas artificiales, granos de CAFÉ descafeinados y demás engendros.

Yo debo estar un poco atrasado, pero si quiero algo con sabor a almendras, me como una almendras, y si quiero algo con sabor a melocotón me como un melocotón.  Eso de que te preparen un CAFÉ aguachirlero con sabores de colorines me parece una sublime tomadura de pelo.

A pesar de la calidad de la producción cafetalera mejicana, a ojos de un español el panorama cafetero de este país es desolador.  CAFÉS aguados, sin personalidad, repartidos como agua, inundándolo todo y dejando en un rincón maravillas como el CAFÉ LECHERO o el CAFÉ DE OLLA.Pero si lo que se encuentra en los restaurantes y cafeterías es triste, el café que se toma en los lugares de trabajo es absolutamente angustiante.  En ninguna oficina de todas las que he podido visitar en Méjico se puede encontrar  CAFÉ medianamente decente, ni equipo para prepararlo.  Nunca, hasta llegar a Méjico, pense que podría llegar a echar de menos el CAFÉ instantáneo que preparan las máquinas tragaperras en cualquier fábrica de España.

El problema empieza con la cafetera.  Normalmente se trata de depósito con uno, dos o tres galones de agua, que se pasa todo el día cociendo los mismos grumos desgastados de un CAFÉ que en algún momento de su existencia pudo ser llamado “molido”, pero que a media mañana ya tiene una consistencia y morfología desconocida.  A media tarde seguirán cociendo los mismos grumos,  sin ningún tipo de refuerzo, en la misma agua o en agua sustituta.  Salvo que se sea inmune a los problema gastrointestinales o realmente se disfrute de sabores pestilentes, no es recomendable acercarse a las tazas a esas horas.

Con un poco de suerte, es posible que la cafetera se limpie y recargue todos los días.  Si no es así, el día en que más riesgo corre la salud es el lunes.  Lo dicho para las tardes no tiene parangón con lo que es posible encontrar un lunes en el que no toque limpieza, la señora no llegue o simplemente se haya visto forzada a tratar otros asuntos.   Los líquidos cafeteros, bien macerados durante todo un fin de semana, desarrollan una capa de fétidos champiñones en la parte superior del tanque – cafetera.  Siguiendo el principio universal de que lo que no mata engorda o simplemente por puro despiste, la gente puede llegar a servirse el mejunje.  La reacción es diferente dependiendo del nivel de familiaridad que uno tenga con el CAFÉ AMERICANO.  Si se es viejo y avezado en estas lides, el poder de la adicción a la cafeína de baja calidad salvará la situación.  Si se es medio novato y aún sólo parcialmente acostumbrado al sabor deleznable del potingue,  se lo tragará sin advertir la diferencia; en la tarde estará en el hospital echándole la culpa a los bichejos del agua.  Si es totalmente nuevo al placer del CAFÉ aguachirles, vomitará igual que lo haría ante un CAFÉ escrupulosamente preparado en el mismo artefacto.

Aquellos que deseen desentrañar el misterio del CAFÉ de oficina, que no comprendan cómo es posible preparar algo tan profundamente repulsivo, sólo tienen que asistir al espectáculo de la recarga.  Se retiran los posos del día anterior y se sustituyen por un par de cucharillas de CAFÉ natural molido – hace seis meses y guardado en el mismo armario que los artículos de limpieza – por cada galón de agua. Otra de las cosas que llaman la atención es que muy poca gente toma azúcar o edulcorantes con su CAFÉ, o si lo hacen, se trata casi de un gesto.  El líquido negro pasa directamente de la barriga de la cuba a la barriga del trabajador con un breve intermedio en la jarra que éste usa por taza.  No hay mezclas ni ritos intermedios.  Quizás por esta razón, la COCINETA típica carece de cucharillas desechables.  En el mejor de los casos podrás encontrar, en algún rincón, un vaso con agua y dos o tres cucharillas de plástico en remojo.  La idea no es que uno se lleve una, la use y después la tire, sino que se sirva el CAFÉ y el azúcar que desee, remueva con la cucharilla de plástico, y vuelva a dejar ésta donde la encontró. 

Lo de fabricar cucharillas desechables no debe ser un gran negocio en este país.

Ver CASI IGUAL, COCINETA.

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