Guarura

Guardaespaldas, matón.

Para los pocos mejicanos que pueden considerarse aspirantes a ricos, casi ricos o ricos de verdad, los GUARURAS son un servicio de absoluta primera necesidad, cuyo coste debería considerarse en el cálculo de la inflación.

Los GUARURAS cumplen varias funciones importantes entre las que destacan el propio servicio de seguridad, la OSTENTACIÓN y la ayuda doméstica.

Por una parte está la necesidad de protegerse de secuestradores y malandrines.  En este país el secuestro es industria, no casualidad, ni acto de grupos aislados.  Aquí los PLAGIARIOS secuestran al por mayor, seguramente en connivencia con autoridades locales y estatales.  (Lo del consentimiento a secas no es cosa que se maneje en Méjico.  O hay LANA de por medio, o es difícil que se llegue a ningún tipo de acuerdo).  Para el prototípico político-cacique mejicano del INTERIOR DE LA REPUBLICA, el secuestro tiene la ventaja de reportar beneficios económicos y a la vez servir de herramienta de amedrentamiento y presión contra aquellos que no son suficientemente sumisos a las estructuras de poder establecidas.  Así pasa, por ejemplo en MORELIA, a escasos kilómetros de la CIUDAD DE MÉXICO; en CHIAPAS, o en GUERRERO, ESTADOS destacados en las estadísticas de este tipo de delito. 

Contar con GUARURAS no garantiza la inmunidad contra esta lacra social, pero desde luego puede ayudar.  En cualquier caso, si se quiere secuestrar a alguien, se hace.  En 1997, el caso de un industrial que fue secuestrado en pleno VIADUCTO MIGUEL ALEMÁN consiguió sobresalir lo suficiente como para ser comentado en algunos espacios de radio y prensa escrita.  Este buen señor, del que no recuerdo el nombre, circulaba por esa vía camino del aeropuerto y acompañado de un par de coches llenos de GUARURAS.  Los secuestradores cortaron los tres carriles de la calle a la altura de INSURGENTES o TLALPAN, en dos puntos, antes y después del paso del cortejo, dejaron inmovilizados a toda la GUARURIZA, sacaron al señor de su coche blindado, recogieron la mercancía y demás bártulos, y salieron huyendo sin dejar rastro.  Los secuestradores no tuvieron que hacer ni un solo disparo en toda la operación.  La sola presencia de entre treinta y cincuenta personas, armadas hasta los dientes, en pleno centro de la ciudad, cortando  una de las vías de más tránsito, en hora punta, perfectamente coordinados y con la clara intención de no pararse ante nada, fue suficiente para disuadir todo intento heroico por parte de policías, GUARURAS y mirones en general.

Quizás aún más significativo que el caso anterior, fue el secuestro del hijo del Presidente ZEDILLO durante los primeros meses de su mandato.  La noticia saltó a la prensa y se empezó a especular sobre los posibles autores y móviles.  De repente se informó que el hijo del Presidente había sido liberado y nada había pasado.  Los delincuentes habían secuestrado a esta persona “por error”.  Se trataba de una partida de POLICÍAS JUDICIALES dedicados a estos menesteres a los que llamó la atención el cortejo del muchacho.  Decidieron hacer negocio sin hacer mayor investigación.  Su error les costo el puesto, pero nada más.  Ni investigaciones públicas, ni artículos sobre la JUDICIAL, ni renuncia de los más altos cargos de este cuerpo de inseguridad, ni una sola declaración del Presidente.  Nada de nada.  Al fin y al cabo se trataba de un pequeño desliz sin importancia y que no merecía la atención de nadie.  Así estaba la seguridad, la prensa, la policía y el estado de absoluto abatimiento moral y de expectativas de la sociedad mejicana en 1995.

Como los GUARURAS son imprescindibles para cualquier individuo de dinero o con algún tipo de responsabilidad en una empresa importante, el tenerlos es reconocido como indicador de pertenencia a estos selectos grupos.  De esta forma, los GUARURAS se convierten en un objeto de OSTENTACIÓN equivalente a las casas, coches y señoras (oficial y otras).  Cuantos más mejor.  Cuanto más cachas y de aspecto más europeo, mucho mejor.  Las personas de egos descomunales pero bolsillos simplemente grandes hacen, también,  el esfuerzo supremo de dotarse de GUARURAS o, cómo mínimo, de vigilantes por horas.  Nadie reconoce que se trata de un ejercicio de auto gratificación porque, en el fondo, ¿quién puede decir que no se siente amenazado por la violencia y que realmente no necesita a un GUARURA bien cachas?.  Nadie.  Es más, ¡que cansado es esto de estar todo el día seguido por un individuo de baja educación!.  Un caso donde resulta claro para todos que el GUARURA es imprescindible es el del uso de ciertos coches europeos de lujo como BMWs y Mercedes.  Con lo caros que están y lo llamativo que resultan, cualquier conductor de este tipo de coches puede calificarse de suicida si se aventura a la calle sin que resulte evidente que un coche lleno de GUARURAS lo sigue con celo.  Por alguna razón indescifrable, la mayor parte de los coches de GUARURAS (y de la POLICÍA JUDICIAL) son de marca Chrysler, modelos “Spirit” (inicios de los noventa) o “Stratus” (finales de los noventa).

Tanto GUARURA acaba aburrido de no tener nada que hacer.  Esto, unido a la necesidad de aprovechar al máximo el gasto, permite que los GUARURAS se conviertan en una especie de prolongación del servicio doméstico.  Que vayan a la compra, que recojan a los niños y que le pongan cera al coche del señor.  El fin de la especialización y el triunfo del individuo TODOLOGO.  ¿Problemas de tráfico?, que el ayudante saque la pistola para que se quede tranquilo el idiota que se puso en medio cuando nos saltamos el semáforo.  ¿Qué al niño le pegan en la escuela?, que Vicente vaya a enseñarle modales.  En fin, un hombre para todo.

Independientemente de las apariencias, lo de tener GUARURA en Méjico es como jugar a la lotería.  Supongo que lo es en cualquier sitio.  Pero aquí, con la tremenda demanda, la debilidad de la oferta (¿ejército?, ¿compañías privadas de seguridad?), o su absoluta falta de principios (¿policía?), los bajos sueldos, la impunidad reinante y la permanente tentación de lo que brilla y está al alcance, la situación de riesgo es del dominio público y motivo de conversación.  Lo más fácil es que, con un poco de tiempo, el GUARURA sea el que te secuestre, te robe la casa, se líe con la esposa, o se encargue de liquidarte para cobrar un segundo sueldo.

Ver CERRADA, CORTESÍA, DAR ATOLE CON EL DEDO, GUARRO, NO, OSTENTACIÓN, POLICÍA JUDICIAL, POLÍTICA.

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