Dar atole con el dedo

Engañar, embaucar, tomar por niños.

Una de las quejas tradicionales de todos los mejicanos es que sus gobiernos, al menos los más recientes, les han venido DANDO ATOLE CON EL DEDO mientras meten la cuchara sopera en las arcas y se llevan las riquezas del país con un frenesí propio de las mesnadas del medievo.  La verdad es que así parece, así sucede y así es.  Todos lo saben, todos se lamentan, e incluso los hay que se rasgan las vestiduras; pero muy pocos se han planteado analizar el cómo es posible que esto venga sucediendo SEXENIO tras SEXENIO sin que nada se turbe en serio en el clima social del país.

El mejicano es o quiere mostrarse de forma permanente como orgulloso y altivo, gallito y fanfarrón.  Pero detrás de la intensa emoción de un ¡JALISCO NO TE RAJES!, se siente tremendamente inseguro.  Inseguro de sus orígenes, de su valía, de su hombría, de su capacidad, de su posición, de su reconocimiento e incluso de la fidelidad su esposa o de la catadura de su MADRE.  Y esto son ya palabras mayores.  Por eso se inventa su propia realidad, y cree.  Cree en mitos, en historias y figuras heroicas.  Cree en el poder del tiempo y en ser el pueblo elegido de los cielos.  Cree lo que le cuentan y lo que sus fantasmas le aconsejan.  Sencillamente cree en todo; en lo bueno, lo malo y lo regular; en todo y a pies juntillas.  No en balde, ya decían los Padres Agustinos que los NOVOHISPANOS eran el pueblo más fervoroso y creyente del Orbe.Fruto de esta inseguridad, el mejicano vive su creencia como se aferra un naufrago a una tabla, con todo su ser.  Ni el viento, ni las mareas, ni los hechos pueden convencerlo de lo contrario.  El mejicano ante su creencia se vuelve ciego de pasión,  inmune a la duda y furioso inquisidor del anatema.  Parece sentir que la defensa de su mito de turno es fundamental para su identidad e incluso para su existencia.  Él es su creencia, y su creencia es él.  Quien ataca su mito, lo ataca a él.  Ver destruido su quimera es morir.

Este ardor cuasi-fundamentalista me trae inmediatamente a la memoria a la VIRGEN DE GUADALUPE;  encarnación de la Virgen, sí, pero en Méjico también una imagen que va mucho más allá de lo religioso.  Hasta BENITO JUAREZ, desamortizador a lo Mendizabal, y seminarista convertido en anticlerical de celo sólo propio de un converso, enarboló a la Virgen de Méjico para hacerse seguir por un pueblo enfebrecido.  Quizás más significativo que el arraigo GUADALUPANO sea  el propio mito del país INDÍGENA, del origen de Méjico, y aún de la propia INDEPENDENCIA.  Parece mentira que casi doscientos años después de aquellos sucesos, la gente, los libros de texto y las autoridades en sus discursos oficiales todavía planteen estos hechos históricos en blanco y negro, con buenos y malos, desposeídos “mejicanos” y perversos “españoles”, en una actitud atávica y fanática propia para gentes de mucho sentimiento y poca razón.  En un esfuerzo por crear un mito sólido y grandioso,  la consciencia social mejicana no titubea antes de meter en el mismo caldero mitológico del INDÍGENA precolombino a MEXICAS, TOLTECAS, MAYAS y cientos de otras etnias, tribus y naciones cuya relación con lo primeros varió entre la hermandad y el abierto enfrentamiento, con suministro de carnaza para sacrificios humanos incluido, pasando por el mutuo desconocimiento o perfecto aislamiento.  En una de esas carambolas de la historia, resulta casi cómico que los MEXICAS hayan contado con el apoyo de los ESPAÑOLES para alcanzar, siglos más tarde, el empeño colonizador e imperial iniciado con su larga marcha;  imposición de nombre y sentido patrio a todo vecino MESOAMERICANO.    Los historiadores oficiales mejicanos, aquellos que escriben los libros de texto con que se educa a la ciudadanía, afirman sin el más mínimo pudor que la INDEPENDENCIA fue una especie de vuelta a las raíces y valores INDÍGENAS.  Sin entrar en muchos detalles,  lo que parece evidente es que se trató de una maniobra política de las castas CRIOLLAS mejor ubicadas, dirigida a obtener plena libertad en el manejo de sus propios asuntos, que desde ese momento incluían también, los de sus coterráneos.  Algo perfectamente razonable, pero, ¿y los INDÍGENAS?.  Pues que los fumiguen antes de ponerlos en la foto y después que los devuelvan a sus inmundos lugares de origen.  CRIOLLOS, o sea, españoles por otro nombre y lugar de nacimiento.  Lucha entre herederos; como siempre la servidumbre sólo sirve para ser utilizada.  A los INDÍGENAS, los de verdad, los de los pueblos serranos, los campesinos, los obreros menos cualificados, los que siempre han tenido que sobrevivir con CHILES, MAÍZ y FRIJOLES, la INDEPENDENCIA, en el mejor de los casos, les pasó inadvertida.En el colmo del espejismo, un tipejo deleznable como ITURBIDE, traidor y responsable directo al mando de tropas realistas de algunos de los hechos menos heroicos de la INDEPENDENCIA, es reverenciado como uno de los próceres de la patria y el primer emperador de Méjico.

Quizás la magnitud de la farsa, que es oficial y por tanto dirigida, sea en buena parte causante de ese desasosiego interno que turba al mejicano y al que antes hacíamos mención.  Es mejicano, luego “tiene” que creer en aquello que forja su identidad, o lo que dicen que es su identidad.  Sin embargo, hay algo que no cuadra.  Un innegable olor a chamusquina flota en el ambiente.  Y se pregunta:  “¿qué es ser mejicano?,  ¿por qué no creo en lo que me dicen?, ¿cómo puedo demostrar que lo soy, porque lo soy, a pesar de todo y todos?,  ¿por qué me siento atacado?,  ¿quién me ataca?”.“Alguien” le quiere DAR ATOLE CON EL DEDO.  “Alguien” que no puede ser mejicano, o si lo es oficialmente no lo es en el corazón.  Alguien que sólo quiere causar confusión, caos y miseria.  A fin de cuentas, qué más dará que la historia no sea estrictamente cierta; qué más dará que haya mucha porquería en casa; qué más dará cualquier cosa cuando lo que está en riesgo es tu propio sentido de la existencia.   Enfrentar el problema en serio es mostrar debilidad, abrir flancos al enemigo.  Mejor vivir con pobreza, miseria, corrupción y entereza que aguantar una vejación.

Dignidad, soberanía, impunidad;  conceptos mejicanísimos e inevitables para entender el modo de vida del mejicano y de su relación con el mundo.

“¡Qué Viva México, cabrones!”.  Así se grita desde las PLACAS decorativas que se venden por las calles en el MES PATRIO y que todo PESERO que se precie utiliza en vez de las propias durante fechas tan señaladas.   Lo del “cabrones” no sobra, es parte integral e inseparable del mensaje.  Las FIESTAS PATRIAS son la excusa ideal para ventilar miedos y sentimientos de vulnerabilidad.  El sentido general es de supervivencia, de celebración de un año más de existencia a pesar de todos, los de “fuera”, los de “dentro que son de fuera”, los vendepatrias.

Mucho grito, mucho acto de autoreafirmación.  Pero al final, la duda interna persiste.  El mejicano se pasa su vida realizando un acto de equilibrio, gritando ¡Viva Méjico! y furtivamente comprando todo aquello que diga “Made in” cualquier otro sitio, odiando a los ESPAÑOLES y sintiendo una atracción fatal por la “madre patria”,  alabando las playas sin par de su país y ávidamente dejándose ver en la ISLA DEL PADRE, soñando con hacer dinero de los APACHES y dejarlos en la estacada para irse a vivir a San Diego, sufriendo la corrupción y admirando la osadía de los corruptos, declarándose muy machos y temiendo que su hembra lo abandone por alguien mejor plantado, admirando la hombría de un MARIACHI y dando por descontado los rumores de que VICENTE FERNÁNDEZ es homosexual declarado.

En este maremagnum de pasiones, insidias, esperanzas, recelos, orgullos, miedos, mentiras piadosas y otras no tanto, una figura destaca.  El Presidente.  Así, con mayúscula.  Símbolo de Méjico, de su soberanía e independencia.  “Respeto a mi investidura” clamaba ERNESTO ZEDILLO por toda razón para hacer callar a un senador de la oposición que lo increpaba en ACAPULCO con ocasión de las inundaciones de octubre de 1997.  Parecía decirle “soy yo, el Presidente, ¿no te das cuenta?”.  Poder absoluto a lo Virrey independiente.  Patente de corso para dar ATOLE CON EL DEDO a todo hijo de vecino.

Mi experiencia mejicana no es tan amplia como para haber tenido la oportunidad de vivir personalmente bajo la égida de un número significativo de estos neo emperadores.  Sin embargo, sí ha sido suficiente para darme cuenta que este cargo es catalizador del ser mejicano.  Grandes “héroes”: BENITO JUAREZ, LAZARO CÁRDENAS.  Grandes “villanos”:  PORFIRIO DÍAZ, CARLOS SALINAS.  Auténticas lacras que por su incompetencia aliada con su visión mesiánica dejaron al mejicano inerme, desvalido y en estado comatoso:  SANTA ANNA, ECHEVERRÍA.

Una de las cosas que más me llamó la atención tras aterrizar en Méjico a finales de 1993 fue el culto personal que se ofrecía al señor Presidente;  CARLOS SALINAS por aquel entonces.  Todos los periodistas, incluso aquellos con más ínfulas de independientes o críticos, alababan a SALINAS sin ningún tipo de mesura o comedimiento.  Alabanzas sin ton ni son, tan estúpidas, genéricas y de mercadotecnia barata que uno podría creerse que estaba en la China de Mao o en la Corea de Kim-Il-Sung.  Que si el “buen corazón” del Presidente,  o la “brillanted” de SOLIDARIDAD, o la impresionante solidez del nuevo “milagro económico” mejicano.   En algún canal de TELEVISA existía un espacio diario dedicado a las actividades del señor Presidente; la inauguración de un sistema de drenaje, la entrega de escrituras a unos pobres desgraciados en el desierto de Sonora, el despacho con la asociación de damas enfermeras en su residencia oficial de LOS PINOS, la visita a un EJIDO perdido en la sierra de quién sabe dónde, etc.  Sólo faltaba el informe del estado, naturaleza y frecuencia de sus honorables deposiciones fecales.  Lo que TELEVISA no decía de motu propio lo hacia el propio Presidente con anuncios televisivos pagados por los contribuyentes sobre SOLIDARIDAD, el programa económico o el desarrollo de la industria PETROLERA.  SALINAS era el segundo en el escalafón celestial después de la VIRGEN DE GUADALUPE.

Todo ello se empañó con la puesta de largo, el primero de enero de 1994, de la guerrilla ZAPATISTA.  Se empezaban a percibir ciertas críticas en los comentarios de algunos indocumentados.  Pero, en general, todos seguían cerrando filas cuando el comentario era fuerte o venía del exterior.  En cierta ocasión, en el verano del 94, apareció en la prensa norteamericana algún artículo en el que se ponía en tela de juicio la capacidad de Méjico de sobreponerse a los ZAPATISTAS, el asesinato de COLOSIO, etc.   Ya no recuerdo cual era el argumento fundamental, pero es igual, no era una crítica a SALINAS, era una crítica a Méjico. La reacción de condena fue unánime.  Pero nadie razonaba, nadie entraba en averiguar si los comentarios de la prensa norteamericana eran o no veraces o dignos de crédito.  La prensa organizó una especie de competición para ver quien se rasgaba las vestiduras de una forma más aparatosa, ruidosa y nacionalista.Meses después, tras el estallido de la crisis económica de diciembre, el ambiente cambió.  A las dos semanas de que SALINAS cediera el sillón presidencial a ZEDILLO, el PESO se hundió.  El valor del dólar norteamericano pasó de aproximadamente 3,5 PESOS por dólar a casi 7 PESOS por dólar.  ZEDILLO estaba abrumado y la prensa totalmente desconcertada.  ¿Quién era el culpable?.  ¿Podía ser el “dios” SALINAS?.  Poco a poco, muy lentamente en comparación con el ritmo de devaluación del peso, se empezaron a escuchar críticas al gobierno saliente.  Poco a poco, se empezó a ver que ZEDILLO estaba dispuesto a romper viejos tabúes y a criticar a su predecesor.  No tenía más remedio.  De repente la prensa más fiel se encontró perdida, en busca de un nuevo punto de referencia que ni siquiera ZEDILLO era capaz de plantear con la vitalidad necesaria para romper la cerrazón y el mito.  Se hablaba de la falta de liderazgo de ZEDILLO, de lo mal que se habían hecho las primeras maniobras económicas, etc.  Pero, por fin, alguien grito, ¡otra vez nos DIERON ATOLE CON EL DEDO!.  Y era cierto.  Y de qué manera.  La traición a un amor profundo y cercano como era el de Méjico por SALINAS, sólo podía degenerar en un odio cerval e igualmente irracional.  Pero esa es otra historia.  Lo cierto es que todo el “mito” que rodeó a SALINAS se vino abajo con estrépito.  “Casi” como nunca. 

Y digo “casi” porque casos de esta índole y seguramente de más trascendencia vienen dándose en Méjico regularmente desde la INDEPENDENCIA y seguramente desde antes.¿Cómo es posible que esto suceda en un país moderno?.  Y que conste que lo de “moderno” no pretende ser una observación cínica.  Méjico es, en buena medida, un país moderno, con leyes progesistas, industria desarrollada, servicios avanzados, donde abundan aunque no sean mayoría gentes bien educadas, adineradas, incluso sofisticadas.  ¿Cómo es posible?.  Cada cual tiene su particular visión de este tema, pero mi impresión es que las siguientes pueden ser algunas buenas razones para el florecimiento de la cultura del ATOLE en este país:

  • La tremenda necesidad que tiene el mejicano en creer en algo, en cualquier cosa, sean mitos, leyendas o personas; sea el Presidente o tu compadre; la GUADALUPANA o el poder curativo de las pirámides en el equinoccio de primavera; la superioridad de los estadounidenses del norte o la perversidad de los GRINGOS.  Desgraciadamente, los más crédulos son manipulables y mangonebales; aquí como en todas partes.
  • La incondicional e irracional intocabilidad de aquello en lo que se cree personalmente o que se asocia con la identidad del país.  Que nadie piense que desde mi punto de vista creer no es intrínsecamente malo.  Pero si la creencia se alía con la falta de espíritu crítico, o con el fanatismo que cierra los ojos a la razón, la cosa se pone fea.   Así,  el poder de la GUADALUPANA, la hombría del mejicano, la santidad de la madre, la patente estupidez de aquel que no es capaz de explotar al vecino, la infalibilidad del Presidente, la identidad petróleo – soberanía, el poder limpiador de la muerte, la corrupción de la policía, la pobreza del INDÍGENA, la superioridad de juntarse en grupos, clanes, asociaciones, camarillas, tribus, o agrupaciones ad-hoc a confiar en la ley para defender los derechos individuales, la superioridad de la comida que requiere de antiácidos para ser digerida, la perversidad del mundo exterior, la persistencia del pasado y la imposibilidad de escudriñar el futuro, el derecho que asiste a todo ciudadano a explotar el presente de cualquier forma que tenga a su alcance, etc. son, para el mejicano, hechos contrastados, no puntos de partida, referentes culturales, situaciones a remediar o patentes necedades.
  •  La enraizada costumbre de la MORDIDA y el EMBUTE que, entre otras cosas, ha permitido el desarrollo de una cultura periodística atrofiada y profundamente tercermundista:  las primeras páginas están a la venta, y así todas las demás; el periodista medio no sabe escribir; el que es reconocido se da al egocentrismo y a la imagen mesiánica; los artículos se fragmentan en mil pedazos para dar cabida al máximo número de noticias en primera y segunda plana; no existe un código de ética o un manual de estilo;  los periódicos se venden a través de un mafia conocida como sindicato de VOCEADORES;  la mitad de las páginas están dedicadas a notas sociales, anuncios por palabras o publireportajes comerciales;  los noticieros más populares de la tele son aquellos en los que los muertos salen en primera plana, los ladronzuelos aparecen formados portando las armas que utilizaron en su última matanza, los policías señalan con un dedo mugroso el orificio de entrada provocado por la bala que mató al cadáver tumefacto de turno, las VIEJAS se pelean en su casa, o los vecinos cuentan como se volvió loca la señora cuando una COMBI sin frenos atropelló a toda su familia…
  •  El aborrecimiento a la verdad cruda, a las palabras que significan lo que dicen; la necesidad de cubrir todo en un discurso suave.Las imágenes pueden decir lo que quieran, pero lo importante es que las palabras se cuiden.  Evitar, como en el juego infantil, usar palabras malditas o expresiones ofensivas.  La forma como fondo.  Las fachas como indicio supremo de la verdad.  El mantenimiento de las apariencias como camino iniciatico hacia la verdad suprema y el bienestar eterno. ¿Cómo es posible que el PRI haya durado tantos años?.  Porque está formado por políticos que entienden la relación entre las palabras y el sentir de las gentes,  que tienen todos los instintos que un político anhela, sea de donde sea.  En Méjico esos mismos instintos son necesarios para tener éxito social, éxito en los negocios, reconocimiento, contactos…  
  •  La absoluta incapacidad cultural para plantear dudas o ir abiertamente en contra de la corriente de pensamiento favorecida (¿impuesta?) por las masas.Sólo pueden existir dos razones para hacer algo de este estilo: ser un PENDEJO engreído con ansias de protagonismo, o peor aún, ser un derrotista, traidor y antimejicano.Durante mucho tiempo los partidos de oposición fueron tildados de eso precisamente, de traidores, de antimejicanos.  Cuando las ideas son dispares, el tratamiento mejicano consiste en llegar al arreglo, a la síntesis de los opuestos, al corte salomónico del asunto.  Una habilidad, nuevamente, propia de un político consumado.  Una habilidad que ha permitido a este país llegar hasta donde está con mucho menos sangre esparcida por las calles de lo que su historia y su fervor hubieran podido sugerir.Pero también una habilidad que favorece el ocultamiento de los problemas, el abandono de la búsqueda de soluciones, la desconcertante aceptación de que ninguna ley es inviolable, de que no hay regla alguna que pueda considerarse como inmutable.  Si una persona corta el PERIFÉRICO se la atropella y asunto arreglado.  Si un grupo lo hace, hay que detenerse y no pasa nada, no puede pasar nada;  mandar a los GRANADEROS a hacer cumplir la ley sería “provocar”.  Cuando esta regla básica del convivir mejicano no se ha cumplido las cosas han acabado mal; la matanza de TLATELOLCO, por ejemplo.  Así que ni los tiros a la española, ni el desarrollo social de acuerdo con reglas claramente establecidas a la anglosajona.  Méjico se queda en la tierra de nadie, donde todo es posible y las diferencias están para ser asimiladas.
  •  El gozo común en anatematizar como antimejicano o hijo de la CHINGADA  a todo aquel que se atreve a criticar o a plantear los temas públicos o privados de forma diferente a como la sabiduría popular estima que “deben” ser planteados.  Quien viola las reglas se convierte, automáticamente, en válvula de escape de todas las presiones y pasiones.  Al pasar voluntariamente al otro lado se acepta, de hecho, ser tratado de forma diferente.  Con ese todo está permitido, la violencia, el descrédito.  Es el chivo espiatorio, la figura necesaria para asegurar el orden social.  SALINAS, por ejemplo.  Qué más da que hiciera cosas positivas por el país.  Lo traicionó y será vilipendiado por el resto de sus días.
  •  La pasmosa aceptación de la explotación y el abuso de poder como prerrogativa de todo aquel que disfruta de algún puesto de responsabilidad, por mísero que sea.  No se me puede olvidar la explicación que una vez dio un periodista sobre la riqueza de los SALINAS.  Dijo algo así como: “bueno, ellos ya eran ricos, hay que tener en cuenta que el padre de CARLOS SALINAS había sido político muchos años”.
  • La impresionante ausencia de una estructura de PROCURACIÓN de justicia.  No es que no existan jueces y fiscales, tribunales, cárceles y demás parafernalia de un aparato de justicia hecho y derecho; el problema  es que no pintan nada.  Si en Italia, con toda sus mafias, camorras y sentido del deber en el timo al estado, existen jueces capaces de luchar por la justicia hasta que los vuelan por los aires, o seguir con sus procesos aunque eso signifique la destrucción de toda una forma de hacer gobierno, ese no es el caso mejicano.  Ni siquiera se parece al caso español, con fiscales con más engreimiento que una estrella del cine mudo, que gestionan sus casos como si estuvieran eligiendo el guión más adecuado a su imagen, aquel con el papel perfecto para mejorar su nivel de popularidad e ingresos.  En Méjico nadie habla de los jueces.  Es imposible encontrar referencias a ellos en los periódicos o en las discursos oficiales al ABATIMIENTO de la corrupción.  Y sin embargo, hay están, viviendo por encima de sus sueldos oficiales, inmutables en un mar de narcotráfico, de violencia callejera, y de florecientes industrias criminales como el secuestro, la extorsión, etc.  Todo el mundo sabe que no pintan y nadie los toma en cuenta.  Simplemente, hay están.  De los PROCURADORES, lo que en España serían fiscales, sí se habla, más que nada por los escándalos que persiguen a los que fueron PROCURADORES especiales en casos llamativos (COLOSIO, etc.) varios de los cuales han acabado como prófugos de la propia justicia que en un momento juraron defender. Si la policía es el grupo delictivo más visible del país, el aparato judicial es, sin duda,  el más vergonzoso.  Todo vale si tienes conocidos o dinero.  En alguna ocasión me comentaron que si alguien mata a un ladrón en su casa y no se ha hecho mucho escándalo, es posible llegar con rapidez a algún tipo de acuerdo con las autoridades; sale un poco más caro que saltarse un semáforo pero merece la pena.  No creo que nadie esté dispuesto a aportar pruebas de esto, pero el hecho de que a la gente le parezca normal es, en sí, bastante significativo.
  • Las ganas de sufrir que tiene el mejicano.  Si hay una nación de corazón masoquista esa es Méjico.Lo anterior es válido no sólo para entender la administración de ATOLE por parte de las autoridades, sino en general por cualquiera. DAR ATOLE CON EL DEDO es el pasatiempo de todo mejicano de pro y también su castigo.  Tal vez podría hacerse un análisis sociológico del país basado en quién se siente DADO ATOLE por quién y viceversa.
  • La cara de triunfo y el regocijo que un mejicano exuda cuando admite haberle DADO ATOLE CON EL DEDO a cualquier conciudadano es todo un símbolo de lo bueno y lo malo de Méjico, de lo mucho que tienen que hacer para empezar a parecerse a lo que públicamente anhelan ser.

    Ver DAR EL AVIÓN; CORTESÍA, IGUALADO, MADINCHISMO, NO, OSTENTACIÓN.

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